LA DEFLACION QUE SE VIENE: La destrucción de la clase media profesional
Por Mookie Tenembaum
En las entregas anteriores de esta serie fui armando el argumento de que la inteligencia artificial empuja a la economía mundial hacia la deflación, es decir la caída sostenida de los precios, fenómeno que parece buena noticia pero históricamente arruinó economías enteras. Identifiqué cuatro fuerzas en operación. La primera, la caída del costo de producir materias primas como la soja y el cobre. La segunda, la aparición del mecanismo de subasta invertida que amenaza el margen del comercio minorista. La tercera, la compresión de precios en servicios profesionales e intermediación financiera, que hasta ahora eran inmunes a la tecnología.
En esta entrega me ocupo de la cuarta fuerza, que es distinta de las tres anteriores y potencialmente la más grave. Mientras que las primeras tres operan sobre el lado de la oferta, es decir sobre quienes producen bienes y servicios, esta opera sobre el lado de la demanda, es decir sobre quienes los compran. Y opera destruyéndola.
Los economistas distinguen entre shocks de oferta y shocks de demanda porque tienen lógicas opuestas. Un shock positivo de oferta, como una nueva tecnología que baja costos, baja precios y aumenta la producción. La economía queda mejor. Un shock negativo de demanda, en cambio, baja precios pero también baja la producción, porque si la gente no compra, las fábricas no venden y despiden trabajadores, y los trabajadores despedidos compran aún menos. La economía queda peor.
La peculiaridad del momento que se viene es que los dos tipos de shock van a ocurrir simultáneamente, producidos ambos por la misma causa. La inteligencia artificial baja costos de producción, lo que es shock positivo de oferta. Pero al mismo tiempo destruye empleos de millones de personas, lo que es shock negativo de demanda. Esta combinación es inusual y particularmente peligrosa.
Veamos el mecanismo concreto. La inteligencia artificial está diseñada para reemplazar trabajo cognitivo. Esto es importante porque distingue radicalmente a esta tecnología de todas las anteriores. La máquina a vapor reemplazó fuerza muscular. La electricidad reemplazó velas y caballos. La computadora reemplazó calculadoras manuales y archivos en papel. En cada caso, la tecnología automatizó una capacidad específica y los trabajadores migraron hacia ocupaciones que requerían otras capacidades, generalmente más complejas, que la máquina no podía ejecutar. El operario de fábrica que perdía su empleo podía reconvertirse en oficinista. El oficinista desplazado podía pasar a tareas de análisis. El analista desplazado podía subir a roles de decisión o creatividad.
La inteligencia artificial opera sobre análisis, escritura, síntesis, investigación, creatividad estructurada, razonamiento legal, análisis financiero, diagnóstico técnico. Opera, dicho de otro modo, sobre todas las actividades a las que los trabajadores migraban cuando las máquinas anteriores los desplazaban. Por primera vez en la historia económica, el escalón superior al que migraron los desplazados de revoluciones anteriores es precisamente el escalón que la nueva tecnología toma como objetivo.
Un estudio publicado por OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, junto con investigadores de la Universidad de Pennsylvania, analizó en 2023 qué fracción de los trabajadores estadounidenses tenía tareas expuestas a automatización por modelos de lenguaje. El resultado fue que aproximadamente el ochenta por ciento de los trabajadores tenía al menos el diez por ciento de sus tareas afectadas, y un diecinueve por ciento tenía más del cincuenta por ciento de sus tareas afectadas. Usaban como referencia un modelo de inteligencia artificial de 2023. Los modelos actuales son sustancialmente más capaces, y los de 2028 van a serlo mucho más.
Las ocupaciones más expuestas son precisamente las de clase media profesional urbana. Analistas financieros, contadores, paralegales, redactores, traductores, programadores de nivel inicial, diseñadores gráficos, operadores de atención al cliente, asistentes administrativos, correctores, editores, radiólogos, tenedores de libros, empleados de procesamiento bancario, analistas de investigación. En Estados Unidos, estas ocupaciones suman entre cuarenta y cincuenta millones de puestos de trabajo. Los ingresos medios oscilan entre cincuenta y ciento veinte mil dólares anuales. Estamos hablando, ni más ni menos, que del núcleo de la clase media que sostiene la mayor economía del planeta.
El desplazamiento no va a ocurrir de un día para otro. Ocurre en fases. La primera fase ya está en curso. Las empresas que adoptaron inteligencia artificial no están despidiendo masivamente, pero están dejando de contratar. Un trabajo académico reciente del laboratorio de economía digital de la Universidad de Stanford, dirigido por Erik Brynjolfsson, documentó que desde fines de 2022 la contratación de trabajadores jóvenes, de entre veintidós y veinticinco años, en ocupaciones altamente expuestas a inteligencia artificial cayó entre el trece y el veinte por ciento. No se ve como despidos todavía porque los trabajadores actuales mantienen sus puestos. Pero los recién graduados no consiguen trabajo.
La segunda fase está empezando pero todavía no se ve en los números agregados. Empresas puntuales empezaron a reemplazar activamente personal. Duolingo, la aplicación de enseñanza de idiomas, eliminó gran parte de su equipo de traductores en 2024. Klarna, una fintech sueca, redujo setecientos empleados de atención al cliente argumentando equivalencia funcional con sistemas de inteligencia artificial. IBM anunció en 2023 que no reemplazaría aproximadamente ocho mil puestos administrativos que iban a ser absorbidos por inteligencia artificial. Son casos aislados hoy, pero se multiplican mes a mes.
La tercera fase, que proyecto para la ventana entre 2028 y 2032, va a ser la de desplazamiento masivo. Empresas de sectores enteros van a reducir personal sistemáticamente, una vez validado que los sistemas de inteligencia artificial hacen el trabajo con calidad suficiente.
Hagamos la cuenta, conservadora, de lo que esto implica.
Si durante la ventana crítica se desplaza, conservadoramente, el veinte por ciento del universo de empleos expuestos, son ocho millones de trabajadores estadounidenses. Con ingreso medio de setenta y cinco mil dólares anuales, el poder adquisitivo que sale del sistema son seiscientos mil millones de dólares por año, aproximadamente. Con la propensión a consumir de este grupo, que es alta, el consumo efectivamente perdido es del orden de cuatrocientos ochenta mil millones de dólares anuales, equivalente al dos por ciento del consumo personal estadounidense.
Y eso es solamente el efecto directo. Hay un efecto indirecto que amplifica el impacto. El trabajador desplazado deja de pagar su hipoteca, lo que afecta el mercado inmobiliario. Deja de consumir servicios de restaurantes y entretenimiento, lo que afecta a los trabajadores de esos sectores. Deja de enviar hijos a escuelas privadas y a universidades caras, lo que afecta al sector educativo privado. Cada uno de esos efectos secundarios a su vez genera efectos terciarios. En términos macroeconómicos, lo que se llama el multiplicador keynesiano del shock puede llegar a ser de uno y medio a dos, lo que significa que el impacto total sobre la economía es entre tres y cuatro por ciento del producto bruto interno.
Sobre los precios, este shock opera como presión deflacionaria directa. Menos demanda agregada significa menos presión sobre los precios al alza y más presión hacia la baja. Las estimaciones estándar sugieren que por este canal solo, durante la ventana de mayor ajuste, se puede agregar entre cincuenta y cien puntos por año de presión deflacionaria adicional sobre los precios generales.
Lo que hace particularmente peligrosa esta cuarta fuerza es que no se distribuye uniformemente. Afecta específicamente al núcleo de consumo discrecional de la economía. La clase alta, que no depende de salario sino de rendimiento de capital, no se ve afectada por el desempleo cognitivo. Los trabajadores manuales en oficios no automatizables, como plomeros, electricistas, cuidadores de adultos mayores, cocineros especializados, se mantienen relativamente estables. El golpe se concentra en el medio, donde están las profesiones oficinescas.
Esa concentración en el medio genera una configuración económica inédita. Bienes esenciales, cuya demanda es relativamente inelástica porque la gente necesita comer y abrigarse incluso si está desempleada, mantienen precios relativamente firmes. Bienes y servicios discrecionales de gama media, que es donde se concentraba el consumo de la clase media profesional, colapsan en precios. Bienes de ultra lujo, consumidos por la clase alta no afectada, pueden incluso subir en precio. El resultado es una economía bimodal, partida en dos mundos que coexisten sin encontrarse.
Esta configuración es exactamente la que preocupaba a los economistas que estudiaron Japón entre 1990 y 2010. Pero Japón la sufrió por razones demográficas y financieras específicas. Estados Unidos la va a sufrir por razones tecnológicas, con una velocidad que Japón no tuvo. La transición japonesa duró veinte años. La que se viene, probablemente, se concentra en cinco.
Hay un elemento político que merece mención aunque no sea central al análisis económico. La clase media profesional destruida es precisamente el grupo que sostiene el voto moderado en las democracias modernas. Cuando ese grupo pierde empleo, ingresos y estatus, la política se polariza. Lo vimos en menor escala con la globalización china entre 2001 y 2016, que generó el trumpismo estadounidense y movimientos análogos en Europa. Un shock de magnitud varias veces mayor, concentrado en cinco años, puede generar consecuencias políticas difíciles de anticipar pero probablemente importantes.
Con la cuarta fuerza completa el cuadro. En la próxima entrega voy a sumar las cuatro fuerzas en una estimación agregada de cuánta deflación podemos esperar, en qué ventana temporal, y por qué esta combinación representa un desafío sin precedentes para las instituciones monetarias del mundo desarrollado.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.


