Texas Instruments: el negocio de chips analógicos que sostiene 22 años de dividendos crecientes
Por Ramiro Marra / septiembre 2026
Mientras la conversación sobre semiconductores gira casi por completo alrededor de la inteligencia artificial, de las GPU y de las empresas que fabrican los chips para entrenar modelos, existe un segmento de la industria que recibe mucha menos atención y que resulta igual de indispensable. Texas Instruments, fundada en 1951 y con sede en Dallas, es uno de sus principales exponentes. La compañía inventó la calculadora de bolsillo y fue pionera en semiconductores mucho antes de que el término tuviera relevancia para el público general. Hoy opera en dos negocios: los chips analógicos, que explican cerca del 80% de su actividad, y los procesadores embebidos. Sus productos están dentro del sistema de frenos de un automóvil, del termostato de una vivienda y de los equipos de resonancia magnética de un hospital. Se trata de una empresa que en 2024, el peor año del ciclo para los semiconductores analógicos, sostuvo un margen operativo del 35%, que fabrica sus propios chips en plantas propias y que lleva veintidós años consecutivos aumentando su dividendo. Aun así, rara vez aparece en los titulares. Este artículo repasa qué hace la compañía, de dónde proviene la solidez de su negocio y cuáles son las variables que un inversor debería seguir de cerca.
La diferencia entre un chip digital y uno analógico explica buena parte de la tesis. Un chip digital procesa información en ceros y unos: encendido o apagado. Un chip analógico, en cambio, gestiona magnitudes continuas del mundo físico, como la temperatura, la presión o la corriente eléctrica de un motor, que no cambian de forma discreta. Sobre esa base, Texas Instruments construyó un catálogo de 80.000 productos distintos, adaptados a cada industria, aplicación y voltaje: automotriz, industrial, comunicaciones, electrónica personal y equipamiento médico. Ese catálogo, fruto de décadas de ingeniería acumulada, funciona como una ventaja competitiva difícil de replicar. A esto se suma la fabricación propia en obleas de 300 milímetros, que producen un 40% más de chips al mismo costo que las obleas de 200 milímetros utilizadas por la mayoría de sus competidores. El resultado son márgenes brutos en torno al 50% incluso en los momentos más débiles del ciclo. En cuanto a los números, la empresa facturó $17,7B en el ejercicio 2025, un 13% más que el año anterior, y $4,83B en el primer trimestre de 2026, con crecimiento en todos sus mercados finales. Los chips analógicos representaron el 79% de los ingresos y casi el 90% del beneficio operativo.
Una de las trampas más frecuentes al analizar el sector es asumir que el valor de una empresa de semiconductores depende exclusivamente de su exposición a la inteligencia artificial. El caso de Texas Instruments muestra un criterio distinto: la durabilidad de los ingresos. En el mercado analógico, los diseños permanecen vigentes durante décadas. Un chip diseñado hace quince años puede seguir en producción porque el cliente lo integró en su producto y reemplazarlo no resulta sencillo. Esa dinámica genera una base de ingresos recurrente que un cambio de moda tecnológica difícilmente desplace de un año para el otro. El segundo criterio es la política de retorno al accionista. Desde 2004, la compañía aumentó su dividendo todos los años, incluidos 2008, 2020 y el peor año del ciclo del sector. En 2025 lo elevó un 4%, hasta $1,42 por acción por trimestre, y destina la totalidad de su flujo de caja libre a dividendos y recompra de acciones. Otra trampa habitual es confundir una empresa poco mediática con una empresa poco relevante: Texas Instruments no depende de titulares ni de un directivo con presencia en redes sociales, sino de que sus productos estén integrados en el funcionamiento cotidiano del mundo físico.
El principal punto de atención es el endeudamiento. Para financiar la expansión de sus fábricas y sostener el dividendo en los años en que el flujo de caja libre no alcanzaba, Texas Instruments tomó deuda, y hoy su deuda neta ronda los $14B [FECHA DE CORTE]. Se trata de un nivel manejable en relación con lo que genera la compañía, pero no es un dato menor: si la recuperación del ciclo de semiconductores analógicos se demora más de lo previsto, esa deuda pasa a ser la variable más relevante a monitorear. También conviene recordar que la industria es cíclica, con períodos de inventarios elevados en todo el sector, como ocurrió en 2024, y que un historial de aumentos de dividendo, por extenso que sea, no garantiza su continuidad. El análisis expuesto tiene fines educativos y no constituye una recomendación sobre un activo puntual; cada inversor debe evaluar su perfil de riesgo, su horizonte temporal y la composición de su cartera antes de tomar cualquier decisión. Para quienes deseen incorporar la compañía a su estrategia, la acción cotiza bajo el ticker TXN en el NASDAQ y puede adquirirse desde Argentina a través de su CEDEAR, disponible en Bull Market.


