El plan de Elon Musk para Marte: qué está respaldado, qué es promesa y quién lo financia
Por Ramiro Marra
El 28 de septiembre de 2026, Starship, el cohete más grande construido hasta hoy, alcanzó la órbita por primera vez en su decimocuarto vuelo de prueba. Desplegó 26 satélites Starlink de nueva generación, una capacidad que SpaceX equipara a unos 20 lanzamientos de Falcon 9, aunque una falla de motor redujo la misión de diez a unas tres horas. El hito importa porque Starship no fue concebido para Starlink, sino para llevar personas a Marte. Elon Musk justifica ese objetivo como un seguro de vida para la humanidad: una civilización en un solo planeta concentra todo su riesgo en un único activo. La condición que plantea es exigente. La ciudad marciana debe poder sobrevivir y crecer aunque dejen de llegar naves desde la Tierra, lo que, según un artículo que el propio Musk publicó en 2017, requiere alrededor de un millón de personas y un costo cercano a $200.000 por pasajero. A eso se suma una restricción física: los viajes eficientes solo son posibles una vez cada 26 meses y demoran unos seis meses. Lejos de quedar en declaraciones, el objetivo figura en el prospecto de salida a bolsa que SpaceX presentó ante la SEC, donde 1.000 millones de acciones del premio de Musk quedan atadas a una colonia de al menos un millón de habitantes.
El plan puede ordenarse en cuatro etapas, cada una asociada a una empresa del grupo. La primera, llegar, corresponde a SpaceX y es la más avanzada: Starship está diseñado para ser totalmente reutilizable y sus motores Raptor queman metano, un combustible que puede fabricarse en Marte combinando el dióxido de carbono de la atmósfera con hidrógeno extraído del hielo mediante la reacción de Sabatier. La pieza crítica, la recarga de combustible en órbita, todavía no fue demostrada. La segunda etapa, instalarse, recae sobre Tesla y Starlink. Tesla instaló 46,7 GWh de almacenamiento en 2025 y facturó $12,8B en energía con un margen bruto de 29,8%, aunque no tiene un plan formal para Marte. El retraso de hasta 22 minutos en las comunicaciones obliga a que las máquinas operen de forma autónoma, lo que explica el papel de los robots Optimus, hoy en producción inicial para uso interno. La tercera etapa, vivir, involucra a The Boring Company: la radiación en la superficie marciana es unas cien veces la de la Tierra y los túneles ofrecen protección. Sin embargo, la empresa, valuada en $23B, no tiene contratos ni presupuesto para Marte. La cuarta etapa, la autosuficiencia, que incluye la producción de alimentos y la manufactura local, no tiene ninguna empresa asignada.
La pregunta financiera es quién paga un proyecto que no genera ingresos, y el prospecto de SpaceX ofrece la respuesta. En 2025, la compañía facturó $18,7B y registró un resultado neto negativo de $4,9B. El segmento de conectividad, es decir Starlink, aportó $11,4B de ingresos y $4,4B de resultado operativo, y fue el único rentable. Con esa caja se financian Starship, que absorbió $3B en investigación y desarrollo, y la inteligencia artificial, cuyo resultado operativo fue negativo en $6,4B tras la incorporación de xAI. El primer balance como empresa cotizante, correspondiente al segundo trimestre de 2026, muestra una inversión en bienes de capital de $18,4B, de la cual el 86% se destinó a inteligencia artificial y apenas el 6% al negocio espacial. A esto se suman las transacciones entre las empresas de Musk: SpaceX y xAI compran baterías Megapack y vehículos a Tesla, mientras que Tesla invirtió en xAI y posee acciones de SpaceX. La trampa más habitual para el inversor consiste en asumir que comprar SpaceX equivale a comprar Marte. En la práctica, se adquiere un negocio de conectividad con flujo real y una apuesta de gran escala a la inteligencia artificial, con Marte como una opcionalidad que todavía no genera ingresos.
Los riesgos son concretos. El historial de plazos de Musk muestra promesas incumplidas en cada ventana desde 2018, y en febrero de 2026 el propio empresario anunció que SpaceX priorizaría una ciudad en la Luna, por considerarla más rápida, y que intentaría comenzar la ciudad marciana en un plazo de cinco a siete años. A esto se agrega la concentración de decisiones: la opción sobre el futuro que incorpora la acción depende, casi en soledad, de una sola persona. Para el inversor argentino, el acceso es directo. Con datos al 5/10/2026, el CEDEAR de SpaceX cotiza en BYMA con el código SPCX y un ratio de 50 a 1, y el de Tesla lo hace con un ratio de 15 a 1, mientras que The Boring Company sigue siendo privada. Al operar en pesos, el precio refleja también el dólar contado con liquidación, y quienes poseen fondos que replican el Nasdaq-100 ya tienen una exposición cercana al 1%. Este análisis tiene fines educativos y no constituye una recomendación sobre un activo puntual. Antes de invertir, conviene entender qué se está comprando y cuánto peso asignarle dentro de una cartera diversificada. Quienes deseen operar estos CEDEAR pueden hacerlo a través de Bull Market, en pesos o en dólares.


