American Airlines: cuando el tamaño no alcanza para ser una buena inversión
Por Ramiro Marra
Las aerolíneas ocupan, desde hace décadas, un lugar particular en la historia de las malas inversiones bursátiles. Warren Buffett resumió esa reputación al señalar que un capitalista visionario le habría hecho un favor a sus sucesores si hubiera frenado el avión de los hermanos Wright antes de que despegara. La frase no es solo una ocurrencia: el propio Buffett compró aerolíneas en dos oportunidades distintas de su carrera y en ambas terminó vendiendo con pérdida. El problema es estructural. El sector combina capital intensivo, costos fijos enormes, mano de obra sindicalizada, un insumo clave, el combustible, que las compañías no controlan, y una competencia de precios que impide trasladar esos costos al pasajero sin perder participación de mercado. Entre 1978 y 2005, más de 160 aerolíneas estadounidenses quebraron, y en septiembre de 2005 las cuatro más grandes del país operaban, al mismo tiempo, bajo la protección de Chapter 11. American Airlines, hoy la mayor aerolínea del mundo por pasajeros transportados, es el ejemplo más elocuente de por qué ese historial no es casualidad, sino la consecuencia directa de un modelo de negocio con márgenes estructuralmente bajos.
American fue, paradójicamente, la última de las grandes en quebrar, y esa demora le salió cara. Mientras United, Delta y US Airways usaron el Chapter 11 tras los atentados del 11 de septiembre para renegociar deuda y contratos laborales, la conducción de American resistió durante años, en parte porque interpretaba la quiebra como una derrota. El resultado fue que sus competidores emergieron con costos más bajos y pudieron competir en precio, mientras American seguía cargando con su estructura original. En noviembre de 2011 la situación se volvió insostenible y AMR, la controladora de American, se acogió a Chapter 11. La compañía salió en diciembre de 2013 fusionada con US Airways, con el equipo directivo de esta última al frente de la marca American. Entre 2013 y 2019 la empresa fue rentable, y esa recuperación llevó a Warren Buffett a comprar cerca de un 10% de la compañía en 2016, apostando a que la consolidación había cambiado, de manera permanente, la economía del sector.
La pandemia interrumpió esa narrativa. American volvió a endeudarse de manera masiva para sobrevivir a la caída del tráfico aéreo, y Buffett liquidó su posición en mayo de 2020 con una pérdida total, calificando la inversión como “un error comprensible”. Cinco años más tarde, la herencia de esa crisis sigue presente: la deuda neta de la compañía asciende a USD 30.700 millones, sobre una deuda total de USD 36.500 millones. El contraste con los ingresos es elocuente. En 2025, American facturó USD 54.600 millones, un récord histórico, pero la ganancia neta fue de apenas USD 111 millones, un margen de 0,2%. A modo de comparación, Apple opera con un margen cercano al 26% y Visa al 50%. La diferencia no responde a un año particularmente malo, sino a la estructura misma del negocio: mover una cifra de ingresos equivalente al PBI de varios países y quedarse, al final, con una fracción mínima de esa cifra.
El panorama, sin embargo, no es enteramente sombrío. American cuenta con USD 12.000 millones en liquidez disponible, redujo su deuda en USD 2.100 millones durante 2025 y se propuso llevarla por debajo de los USD 35.000 millones para 2027. Su programa de millas, AAdvantage, tuvo en 2025 la mayor cantidad de nuevas inscripciones de su historia, con un crecimiento del 8% en el gasto de tarjetas de crédito co-brandeadas, un negocio que genera caja más previsible que la operación aérea en sí misma. Aun así, Delta y United exhiben hoy una posición financiera más sólida, con menos deuda y mejores márgenes, lo que deja a American corriendo de atrás en la comparación directa. La lección de fondo, más allá del ticker AAL, es que el tamaño, el reconocimiento de marca y la relevancia económica de una empresa no garantizan que sea un buen destino para el capital de un inversor, algo que conviene tener presente antes de operar cualquier acción a través de plataformas como Bull Market Brokers.


