El canario en la mina
Por qué el capital privado dejó de cerrar el círculo y qué debería mirar el inversor minorista antes de comprar la próxima acción de moda
Por Mookie Tenembaum
Hay momentos en los mercados donde la noticia importante no está en lo que pasa sino en lo que no pasa. El año 2025 cerró con un fenómeno silencioso que merece atención. Las grandes firmas de capital privado, esas que durante quince años compraron empresas, las mejoraron y las revendieron con ganancia, no están logrando completar la última etapa del ciclo. No están vendiendo. Y cuando no venden, inventan mecanismos para mostrar que igual están entregando resultados. El problema es que esos mecanismos postergan la realidad en lugar de resolverla.
Este artículo no busca alarmar. Busca explicar. El inversor minorista que opera desde su casa, que compra acciones en plataformas de bolsa y que muchas veces destina parte de su capital a productos vinculados al capital privado a través de fondos cotizados o productos de renta vencidos, necesita entender qué está ocurriendo. Porque cuando el mercado primario deja de absorber activos al precio que el sistema necesita, las consecuencias terminan filtrándose al mercado público. Y ahí es donde el ahorrista común queda expuesto sin saberlo.
El motor que dejó de andar
Imaginemos una fábrica de autos. Compra acero, lo procesa, fabrica vehículos y los vende. Si los autos terminados se acumulan en el depósito sin venderse, la fábrica enfrenta un problema doble. Por un lado pierde el ingreso que esperaba. Por el otro tiene capital inmovilizado en unidades que ocupan espacio. Si la situación se prolonga, la fábrica empieza a inventar soluciones creativas. Refinancia. Reetiqueta. Mueve los autos de un depósito a otro. Pero ninguna de esas soluciones reemplaza la venta real.
El capital privado funciona con lógica parecida. Las firmas compran empresas con dinero de inversores institucionales. Las mejoran durante cuatro o cinco años. Y luego deben venderlas, ya sea sacándolas a bolsa o vendiéndolas a otra compañía o a otro fondo. Esa venta es la que devuelve el dinero a los inversores originales con ganancia. El ciclo se cierra. Todos contentos.
Hoy el ciclo no cierra. Las salidas a bolsa están deprimidas. Las grandes adquisiciones corporativas se redujeron porque las tasas de interés altas encarecieron el endeudamiento. Y la consecuencia es que las firmas de capital privado tienen 3,8 billones de dólares en compañías compradas y sin vender. Esa cifra no es marginal. Equivale aproximadamente al producto bruto anual de Alemania. Está retenido en empresas que deberían haber rotado al mercado público o a manos corporativas y no lo hicieron.
Para resolver esa parálisis, la industria desarrolló vehículos llamados fondos de continuación. Funcionan como un depósito secundario donde la empresa atrapada se traslada para ganar tiempo. El gestor crea un fondo nuevo, le vende la empresa al fondo nuevo, los inversores originales pueden cobrar y salir o quedarse rotando, y todos siguen como si nada. Hasta que el nuevo fondo también vence y la empresa sigue sin compradores reales. Entonces el activo entra en un tercer fondo. El círculo no se cierra. Se posterga.
No es necesariamente fraude. Muchos de estos vehículos atraen capital nuevo de inversores institucionales que pagan precio competitivo. Pero hay algo que el inversor minorista debe entender con claridad. El precio que pagan esos compradores institucionales no es el precio del mercado abierto. Es un precio negociado entre actores que tienen interés en mantener la valuación alta porque sus propios portfolios también dependen de referencias similares. Es un mercado profesional donde los precios se cuidan mutuamente.
Por qué esto le importa al inversor de bolsa
Acá viene la pregunta central. ¿Por qué un inversor que opera acciones públicas debería preocuparse por lo que pasa en el mundo opaco del capital privado? La respuesta tiene cuatro capas.
Primera capa. Las firmas de capital privado más grandes cotizan en bolsa. Blackstone (BX), KKR (KKR), Apollo (APO), Carlyle (CG), Ares Management (ARES), Brookfield (BAM), Blue Owl (OWL), TPG (TPG) y EQT en Estocolmo. Son acciones populares entre inversores minoristas porque ofrecen exposición al mundo del capital privado sin barreras de entrada. Cotizan a múltiplos elevados porque el mercado las valúa como máquinas de crecimiento. Si el ciclo no cierra, esas empresas siguen cobrando comisiones de gestión pero dejan de generar las grandes ganancias por venta exitosa. El múltiplo no se sostiene en ese escenario. Blue Owl ya muestra síntomas con suspensiones de redenciones en sus productos para clientes individuales.
Segunda capa. Las BDCs, sigla inglesa que designa a las compañías de desarrollo de negocios, son fondos cerrados que prestan dinero a empresas medianas, en su mayoría propiedad de capital privado. Cotizan en bolsa y son muy populares entre minoristas porque pagan dividendos altos. Algunas de las principales son Blue Owl Capital Corporation (OBDC), FS KKR Capital (FSK), Ares Capital (ARCC), Blackstone Secured Lending (BXSL), Golub Capital (GBDC) y Main Street Capital (MAIN). Estas BDCs marcan el valor de sus préstamos cada trimestre. Si las empresas que recibieron esos préstamos valen menos de lo declarado, los préstamos también valen menos. La proliferación de fondos de continuación es evidencia indirecta de que las valuaciones declaradas no resisten el examen del mercado abierto. Eso significa que las BDCs cotizan apoyadas en cifras de valuación frágiles.
Tercera capa. Las aseguradoras de vida. Athene, integrada en Apollo, Global Atlantic, integrada en KKR, Corebridge (CRBG) vinculada a Apollo, Brighthouse (BHF). Estas compañías invierten las primas que cobran a sus clientes y una porción creciente de esas reservas está colocada en crédito privado y en activos secundarios del capital privado. Las reguladoras estatales en Estados Unidos, particularmente la asociación de comisionados de seguros, comenzaron a observar esta concentración. Si las valuaciones se ajustan, las reservas de las aseguradoras enfrentan presión.
Cuarta capa. Los bancos universales que financiaron las compras originales. JPMorgan Chase (JPM), Goldman Sachs (GS), Morgan Stanley (MS), Bank of America (BAC) y Citigroup (C). Estos bancos originaron préstamos sindicados para muchas de estas operaciones. Cuando las empresas no se venden y los préstamos se renuevan una y otra vez, el riesgo de refinanciación se acumula en sus balances. Goldman incluso está facilitando posiciones bajistas sobre préstamos corporativos, lo cual sugiere que el propio banco percibe el riesgo en el activo subyacente.
Quién pierde y quién gana en este paisaje
El inversor minorista debe entender que en todo problema sistémico hay perdedores y ganadores. No es un escenario donde todos sufren por igual. Hay actores que se benefician precisamente del atasco.
Los perdedores potenciales son los mencionados arriba. Las firmas de capital privado dependientes de levantar capital nuevo entre inversores individuales. Las BDCs con concentración en empresas de software adquiridas a múltiplos elevados durante el período 2018 a 2021. Las aseguradoras con exposición pesada a alternativos. Los bancos con carteras grandes de financiación apalancada.
Los ganadores son menos visibles pero también cotizan. Las firmas especializadas en comprar participaciones secundarias se benefician de la situación porque adquieren a descuento lo que otros necesitan vender con urgencia. Las principales son Ardian en Francia, ICG (ICG.L) en Londres, Lazard (LAZ) que cobra comisiones de asesoría en cada operación, Jefferies (JEF) que lidera el mercado de asesoramiento en estas transacciones, Hamilton Lane (HLNE) y StepStone (STEP) que ofrecen acceso al mercado secundario. Estas compañías están en el lado correcto del atasco. Mientras el ciclo no cierra, ellas cobran.
Doce nombres concretos para mirar de cerca
Para el inversor que quiere traducir esta lectura en acción concreta, conviene enumerar nombres con función específica.
Lado expuesto al riesgo: Blackstone (BX), KKR (KKR), Apollo (APO), Blue Owl (OWL), Carlyle (CG), Ares Capital (ARCC), Blue Owl Capital Corporation (OBDC), FS KKR Capital (FSK), Corebridge (CRBG).
Lado beneficiado por el atasco: Lazard (LAZ), Jefferies (JEF), Hamilton Lane (HLNE).
Esto no constituye recomendación de inversión. Es enumeración de empresas cuya exposición al fenómeno descrito amerita examen propio antes de tomar posición.
El factor inteligencia artificial como herramienta del inversor minorista
Acá entra una dimensión que cambia el panorama del inversor individual frente a este tipo de situaciones. Hace cinco años, descifrar la red de exposiciones cruzadas entre capital privado, BDCs, aseguradoras y bancos requería un equipo de analistas profesionales con acceso a bases de datos pagas. Hoy un inversor minorista con sofisticación moderada puede acceder a herramientas de inteligencia artificial que procesan información financiera, leen documentos regulatorios y comparan patrones a una velocidad imposible para un ser humano. Esa ventaja es real pero también engañosa. Conviene desarrollarla con cuidado.
La inteligencia artificial bien usada puede leer los informes trimestrales de las BDCs y comparar las marcas de valuación con benchmarks del mercado público. Puede revisar las presentaciones a inversores de las firmas de capital privado y detectar cambios en la composición de ingresos entre comisiones de gestión y comisiones de éxito. Puede mapear la exposición indirecta de un fondo cotizado a empresas atrapadas en fondos de continuación. Puede identificar contradicciones entre declaraciones públicas de los gestores y movimientos efectivos en sus balances. Todas esas tareas eran impensables para un inversor individual hace media década.
Pero la inteligencia artificial mal usada genera una confianza falsa. Existe un problema conocido entre quienes estudian estas herramientas. Los sistemas generativos tienden a inferir respuestas a partir de fragmentos parciales en lugar de verificar fuentes primarias. Un inversor que pregunta a un asistente de inteligencia artificial sobre la solidez de una BDC puede recibir una respuesta segura y articulada que sin embargo se construyó sobre datos desactualizados o sobre interpretaciones erróneas de documentos. La forma de la respuesta convence aunque el contenido sea defectuoso.
El uso correcto de inteligencia artificial para protegerse de situaciones como la descrita en este artículo sigue tres principios.
Primero, usarla para localizar documentos primarios, no para reemplazarlos. La inteligencia artificial debe llevar al inversor al informe 10-K de la empresa, a la presentación trimestral, al prospecto del fondo. La verificación final ocurre en el documento original. Si la herramienta no puede señalar el documento fuente, su respuesta no es confiable.
Segundo, usarla para comparar versiones. La inteligencia artificial es excelente identificando cambios entre dos textos. Comparar el informe anual de una BDC del año pasado con el de este año revela ajustes en lenguaje sobre concentración de riesgos, sobre marcas de valuación, sobre exposición a sectores específicos. Esos cambios sutiles son las señales tempranas que suelen escapar al lector ocasional.
Tercero, usarla para contrastar fuentes. Si una firma de capital privado declara en su comunicado que sus exits están “fuertes”, la inteligencia artificial puede buscar simultáneamente las cifras de salidas a bolsa, las notas de prensa financiera independiente y los comentarios de analistas profesionales. La contradicción entre el relato corporativo y la realidad agregada del sector aparece rápido cuando se contrastan fuentes en paralelo.
El inversor minorista del año 2026 tiene una herramienta que el inversor minorista del año 2015 no tenía. Esa herramienta sirve si se usa como complemento del juicio propio. No sirve si se usa como reemplazo del juicio propio. La diferencia entre una y otra cosa es la diferencia entre quedar protegido de un evento como el que se está incubando o quedar enredado en él.
El canario en la mina
Los mineros del siglo diecinueve llevaban canarios a las galerías subterráneas. Si el aire se contaminaba con gases tóxicos, el canario moría antes que los humanos. Era una señal temprana. Permitía evacuar antes de que la tragedia ocurriera.
El fenómeno actual del capital privado funciona como ese canario. No anuncia una crisis inmediata. Anuncia que algo en el aire del mercado no está bien. Las salidas no se completan. Las valuaciones se sostienen mediante operaciones entre actores profesionales con intereses cruzados. Los inversores institucionales con necesidad de efectivo venden con descuento. Las firmas listadas que dependen de levantar capital entre individuos muestran las primeras grietas. Y nadie ve una solución cercana. Nadie identifica el evento concreto que destrabaría el ciclo. La industria habla de recuperación pero la postergación se profundiza.
El inversor minorista no necesita huir del mercado. No necesita liquidar sus posiciones. Necesita mirar dos veces antes de comprar acciones de gestores de activos alternativos a múltiplos elevados. Necesita revisar la composición de las BDCs que paga buenos dividendos. Necesita entender qué porcentaje de sus aseguradoras está colocado en activos cuya valuación depende de procesos secundarios. Necesita hacer las preguntas que durante años fueron exclusivas del inversor profesional.
La buena noticia es que las herramientas para hacer esas preguntas están al alcance del minorista por primera vez en la historia. La mala noticia es que esas mismas herramientas pueden generar una falsa sensación de seguridad si se usan mal. El equilibrio entre aprovechar la inteligencia artificial y no confiar ciegamente en ella es la habilidad que define al inversor responsable del próximo ciclo.
El canario sigue cantando. Por ahora. Quien lo escuche tendrá tiempo de reacomodar. Quien siga mirando el reloj del crecimiento sin mirar al pájaro descubrirá tarde que el aire ya cambió.
Las cosas como son.
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.


