Nvidia, la empresa que está debajo de todo

Por Mookie Tenembaum

Imagine una mesa larga llena de platos distintos. Hay una sopa, hay pan, hay un postre. Cada plato parece un negocio aparte. Sin embargo todos comparten un mismo ingrediente escondido. Usted no lo ve, pero está en cada cucharada. En el mercado de la inteligencia artificial ese ingrediente cotiza en bolsa y se llama Nvidia.

Para un inversor la pregunta no es si la empresa es famosa. La pregunta es por qué una sola compañía terminó sentada debajo de casi todo el negocio. Y, sobre todo, qué riesgos esconde esa posición.

Por qué es un gran negocio antes que una buena historia

Empecemos por el producto. Un semiconductor es una pieza diminuta que procesa información. El semiconductor de Nvidia procesa miles de operaciones a la vez. Esa habilidad resultó ideal para entrenar inteligencia artificial, una tarea que consiste en repetir el mismo cálculo una cantidad inmensa de veces.

Hay una vieja imagen que conviene recordar. En una fiebre del oro muchos buscadores se arruinan cavando. El que se enriquece vende las palas. Nvidia vende las palas de esta fiebre. Pero un inversor debe ir un paso más allá y mirar a qué precio las vende.

Aquí aparece el dato que importa. El semiconductor central de la generación anterior costaba fabricar alrededor de 3.320 dólares y se vendía cerca de 28.000 dólares . Eso significa un margen bruto cercano al 88%. Dicho simple, de cada 100 dólares de venta unos 88 quedan como ganancia antes de gastos generales. Pocas industrias del mundo físico logran semejante cosa. Esa capacidad de poner el precio se llama poder de fijación, y es lo que todo inversor busca en una empresa.

Falta explicar por qué nadie le baja ese precio. La respuesta no está en el semiconductor. Está en los programas. Durante más de quince años Nvidia regaló a las universidades un sistema llamado CUDA. Hoy casi todos los ingenieros del mundo aprendieron a programar inteligencia artificial sobre ese sistema. Cambiar de marca obligaría a reescribir todo desde cero. Es como si una generación entera de cocineros hubiera aprendido recetas escritas solo para una cocina. Comprar otra cocina ya no alcanza. Habría que reescribir las recetas. Esa muralla invisible se llama foso competitivo, y el de Nvidia es uno de los más anchos del mercado.

Los números acompañan al foso. La empresa controla cerca del 80% del mercado de aceleradores de inteligencia artificial por facturación . Su negocio de centros de datos pasó de 15.000 millones de dólares en 2022 a más de 100.000 millones en pocos años . Conviene anotar un matiz para el inversor atento. Esa porción del 80% empieza a ceder algunos puntos, porque rivales como AMD y los semiconductores propios de los gigantes de la nube crecen despacio pero crecen.

El ingrediente que aparece en cada plato

Hasta acá tenemos un fabricante dominante. Lo que vuelve a Nvidia un caso raro es otra cosa. La empresa no solo vende a sus clientes. También invierte en casi todos ellos.

Veamos el mapa, porque cada pieza es una porción del mismo negocio.

Primero están los laboratorios que crean la inteligencia artificial. En septiembre de 2025 Nvidia comprometió hasta 100.000 millones de dólares en OpenAI , dueño del programa conocido como ChatGPT. Poco después acordó hasta 10.000 millones de dólares en Anthropic , un laboratorio rival.

Después están las empresas que alquilan los semiconductores por hora, como quien alquila autos en lugar de comprarlos. La principal se llama CoreWeave. Nvidia le puso 2.000 millones de dólares en acciones .

Más abajo aparece un movimiento llamativo. Intel fue durante décadas la reina de los semiconductores y su gran rival. En 2025 Nvidia compró una parte de ella, con 5.000 millones de dólares .

En el piso que el público nunca ve están los que conectan los semiconductores entre sí. Un solo procesador es un obrero veloz. La inteligencia artificial moderna necesita miles de obreros funcionando como uno solo, lo que exige pasarse datos a velocidad enorme. La empresa que domina ese terreno se llama Marvell. En marzo de 2026 Nvidia invirtió 2.000 millones de dólares  en ella.

Todavía hay un nivel más profundo. Para mover tantos datos ya no alcanza el cobre. Ahora se usa la luz, como en la fibra óptica del teléfono. Las empresas que fabrican esas piezas se llaman Coherent y Lumentum. Nvidia destinó cerca de 4.000 millones de dólares para asegurarse esa producción de láseres .

Sume todo. Nvidia está en el semiconductor. Está en quien lo alquila. Está en quien lo usa. Está en su antigua rival. Está en quien conecta las máquinas. Está en quien fabrica la luz que las une. Para medir la escala, en 2025 cerró 51 inversiones distintas, sin contar el compromiso con OpenAI . Está, como decimos, hasta en la sopa.

El riesgo que un inversor debe entender

Aquí conviene frenar y pensar como accionista, no como espectador.

Imagine un restaurante que le presta dinero a su cliente con una condición. El cliente debe gastar ese dinero comiendo en el mismo restaurante. El cliente come contento. El restaurante anota una venta. Pero esa venta se pagó con plata del propio restaurante.

Buena parte de este negocio funciona así. Nvidia entrega capital a una empresa, y esa empresa compra semiconductores de Nvidia. El dinero sale por una puerta y vuelve por la otra. Los analistas lo llaman financiamiento circular.

Para el inversor el riesgo es concreto. Si la demanda parece crecer sin freno, conviene preguntar cuánto de ese crecimiento es real y cuánto es el mismo billete dando vueltas. Por eso algunos reguladores ya estudian si financiar a clientes que luego le compran a ella limita la competencia . La propia Nvidia puso un límite prudente. Avisó en letra fina que no hay garantía de que esos acuerdos se firmen en los términos esperados . Un anuncio todavía no es un contrato, y la diferencia puede pesar en una cotización.

El peaje que casi nadie ve

Algunos clientes intentan escapar. Google y Amazon diseñan ahora sus propios semiconductores para depender menos de Nvidia. Parece una fuga. No lo es del todo.

Nvidia abrió su sistema de conexión a piezas ajenas. Suena generoso. El detalle vive en una regla. Toda plataforma armada con ese sistema debe incluir al menos un producto de Nvidia . Es decir, hasta el semiconductor que un cliente diseña para huir termina pagándole a Nvidia en cada instalación.

Piénselo como un puente con peaje. Usted compra el auto que prefiera. Pero para entrar a la ciudad debe cruzar un solo puente, y ese puente cobra. Nvidia construyó el puente.

Dónde más mirar y qué puede romper la película

La pregunta cambió en toda la industria. Antes importaba quién hacía el semiconductor más veloz. Ahora importa quién logra fabricar en cantidad. La velocidad ya no es el techo. El techo es la escasez.

Para el inversor esto abre una pista útil. Cuando algo escasea, quien lo produce gana poder de fijar precios. Faltan memorias, esas piezas donde la máquina guarda datos. La presión fue tal que algunos fabricantes subieron precios con fuerza luego de que OpenAI asegurara para sí cerca del 40% de la producción mundial de cierta memoria . Faltan también los láseres y las estructuras metálicas. Antes de la feria Computex la empresa Foxconn entregó a Nvidia hasta sus ejemplares de exhibición, sin dejar una sola unidad para mostrar . Por eso muchos inversores ya no miran solo a Nvidia. Miran a los proveedores de su cadena, los fabricantes de memoria, de luz y de conexión, que viven el mismo viento de cola.

Conviene cerrar con el riesgo mayor, que es de orden. Cuando una sola empresa ocupa el centro de un mercado entero, su tropiezo no queda contenido. Si la demanda se enfría, si el financiamiento circular se interrumpe, si un rival abarata lo suficiente, la onda recorre toda la mesa. Eso se llama riesgo de concentración, y es la otra cara de un foso tan ancho.

Vuelva entonces a la mesa del principio. La sopa es un laboratorio de inteligencia artificial. El pan es una empresa que alquila máquinas. El postre es la red de luz que une todo. Cada plato parece distinto. Cada plato lleva el mismo ingrediente. El inversor que se sienta a esta mesa no compra un plato. Compra, sin verlo, la cocina entera y al cocinero.

Las cosas como son.

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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