Las cuatro fases de la inteligencia artificial: quién cobró, quién cobra y quién podría cobrar después
Por Ramiro Marra
A fines de 2022, cuando el lanzamiento de ChatGPT puso a la inteligencia artificial generativa en el centro de la escena, Nvidia tenía un valor de mercado de $364B. Al 7 de octubre de 2026, ese valor alcanzaba $5,73T, casi dieciséis veces más. Para ordenar lo que vino después, el equipo de estrategia de Goldman Sachs Research liderado por Ryan Hammond propuso un esquema de cuatro fases que hoy funciona como idioma común en buena parte de Wall Street. La primera es el chip: Nvidia, que vende el insumo de cómputo con el que se entrenan y operan los modelos. La segunda es la infraestructura: la nube, la fabricación de semiconductores, la memoria y la energía que ese chip necesita para funcionar. La tercera agrupa a las empresas que venden productos con inteligencia artificial incorporada y cobran más por ello. La cuarta es la productividad: compañías de cualquier sector que utilizan la tecnología para producir lo mismo con menos costo. La lógica no es nueva. Las grandes tecnologías siguieron, casi siempre, el mismo orden: primero se construye la infraestructura, luego aparecen las plataformas y finalmente las aplicaciones. La pregunta relevante para el inversor es en qué punto de ese recorrido se encuentra hoy el mercado.
La fase 1 ya mostró sus resultados. Nvidia facturó $27,0B en su año fiscal 2023 y $215,9B en el año fiscal 2026, con un margen bruto de 75% en su último trimestre. Su ventaja no fue solo el chip, sino la plataforma de software CUDA, que los ingenieros ya conocían cuando la demanda de cómputo se disparó. Sin embargo, la plata no se quedó allí. Goldman Sachs estima que los cinco grandes proveedores de nube invertirán unos $800B en infraestructura en 2026, casi el doble de los $413B de 2025, y ese gasto se distribuye por una cadena de chips a medida, fabricación, memoria, refrigeración y energía. El orden en que el mercado premió a cada eslabón es revelador. Entre fines de 2022 y fines de 2024, el valor de mercado de Nvidia se multiplicó por 9,0 y el de Vertiv por 8,4, mientras el de Micron apenas lo hizo por 1,8. Desde fines de 2024 y hasta el 7 de octubre de 2026, la relación se invirtió: Micron se multiplicó por 12,4 y Nvidia por 1,7. La causa fue la escasez de memoria de alto ancho de banda, que fabrican solo tres empresas en el mundo. El patrón es consistente: en cada tramo cobró quien tenía lo que faltaba.
La fase 3 desmiente una intuición extendida: que el software sería el ganador natural de la inteligencia artificial. Los ingresos por IA existen y crecen con rapidez, pero los de mayor dinamismo corresponden a laboratorios privados como Anthropic y OpenAI, con ingresos anualizados de unos $74B y $41B según reportes de prensa, a los que el inversor común no puede acceder en bolsa. Lo que sí cotiza son las nubes, que en el segundo trimestre de 2026 crecieron 82% en el caso de Google Cloud, 43% en Azure y 37% en AWS. El software tradicional, en cambio, vivió en el primer trimestre de 2026 su peor trimestre desde 2008: el ETF IGV cayó 24%. La diferencia está en el modelo de cobro. Las empresas que cobran por usuario pierden licencias cuando un agente de IA realiza el trabajo de varios empleados; las que cobran por uso facturan más cuanto más se utiliza la tecnología. Snowflake, que cobra por consumo, creció 34% en ingresos de producto. La fase 4, por su parte, avanza más despacio de lo que sugieren los titulares: solo el 23,8% de las empresas de Estados Unidos usa IA, y la mayoría la aplica en apenas una a tres funciones.
Los riesgos son concretos. Los grandes proveedores de nube financian una parte creciente de su inversión con deuda, unos $270B emitidos en 2026, y si el gasto se frena, la cadena se corta de arriba hacia abajo, con mayor impacto en las compañías que más subieron por escasez. La memoria es históricamente un negocio cíclico, y algunas empresas de infraestructura cotizan a valuaciones exigentes: Vertiv llegó a negociarse a mediados de 2026 a unas 78 veces sus ganancias. En el plano macroeconómico, las estimaciones divergen ampliamente, desde alrededor de 1% más de PBI en diez años según Daron Acemoglu hasta 7% más de PBI global según Goldman Sachs, y la destrucción creativa ya muestra un costo visible: el empleo de jóvenes de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas está 19% por debajo del de sus pares. Este análisis no constituye una recomendación sobre un activo puntual; las empresas mencionadas son ejemplos de cada eslabón de la cadena. Quienes deseen seguir estas fases desde Argentina encontrarán CEDEAR de Nvidia, Broadcom, TSMC, Micron, Alphabet, Microsoft, Amazon y JPMorgan en BYMA, así como el del S&P 500, disponibles desde una cuenta de Bull Market.

