Qué hacer con una acción en pérdida: la asimetría de las caídas, el precio de compra y las tres causas que definen la decisión
Por Ramiro Marra
Toda cartera, tarde o temprano, tiene una posición en pérdida. El caso típico es el de una acción comprada a $100 que hoy cotiza a $60. En ese momento, el inversor suele plantearse tres alternativas —vender, mantener o comprar más para bajar el precio promedio— y casi siempre lo hace con una referencia en mente: el precio al que compró. Sin embargo, ese número solo existe en su cuenta. El mercado no lo conoce ni lo toma en cuenta: la acción no va a subir porque el inversor la necesite en $100, ni va a dejar de caer porque ya acumule una pérdida importante. A esto se suma un problema matemático que suele pasarse por alto. Las pérdidas y las ganancias no son simétricas, porque la recuperación se calcula sobre una base más chica. Una caída de 40% exige una suba de 66,7% para volver al punto de partida; una de 50% exige duplicar el capital, y una de 90% obliga a multiplicarlo por diez. Por eso, la expectativa de que el precio “ya va a volver” no constituye un plan, sino una apuesta que se vuelve más difícil con cada punto de caída y que solo se justifica cuando existe una razón concreta para sostenerla.
La evidencia muestra que este sesgo está muy extendido. En 1998, el economista Terrance Odean analizó 10.000 cuentas de un bróker minorista de Estados Unidos entre 1987 y 1993. Los inversores realizaban cerca del 14,8% de las ganancias que tenían disponibles, pero apenas el 9,8% de las pérdidas, y las acciones ganadoras que vendieron rindieron al año siguiente alrededor de 3,4 puntos más que las perdedoras que conservaron. El fenómeno, conocido como efecto disposición, se apoya en el anclaje al precio de compra y en la falacia del costo hundido. La salida consiste en reemplazar la pregunta sobre cómo recuperar lo perdido por otra: si hoy se tuviera ese dinero en efectivo, ¿se compraría esta acción a este precio? Para responderla hay que determinar por qué cae. Cuando cae el precio y no el negocio, como le ocurrió a Meta en 2022, mantener puede tener sentido: la acción pasó de $382,18 a $88,91 por el gasto en el metaverso, mientras Facebook e Instagram seguían vendiendo publicidad, y recuperó su máximo 442 días después del mínimo. Cuando el negocio está sano pero se pagó un precio excesivo, la espera puede durar décadas. Cuando se rompe el negocio, desaparece la razón original de la inversión.
Cada diagnóstico tiene su respuesta y sus trampas. El caso de Cisco ilustra el segundo escenario: en marzo de 2000 su acción cerró en $80,06 y cotizaba a más de 200 veces sus ganancias. La empresa no quebró, siguió vendiendo y se reconvirtió, pero la acción perdió alrededor de 90% y recién superó aquel cierre en diciembre de 2025. Intel recorrió un camino similar: tardó 26 años en volver a su récord de agosto de 2000, mientras el S&P 500 subía cerca de 370%. Nokia representa el tercer escenario. En 2007 vendía cerca del 40% de los celulares del mundo; tras la llegada del iPhone, para 2013 su participación en smartphones había caído por debajo del 3%. La acción llegó a perder 97,3% y en agosto de 2026 seguía 82,5% por debajo de su pico. La trampa más frecuente, sin embargo, es promediar sin revisar la tesis. Con 10 acciones compradas a $100 y otras 10 a $60, el precio promedio baja a $80 y la suba necesaria para recuperar la inversión pasa de 66,7% a 33,3%. Pero si la acción sigue cayendo hasta $42, la pérdida asciende a $760, frente a los $580 que se habrían perdido sin promediar.
Promediar, por lo tanto, no es un rescate sino una segunda compra, y debe superar el mismo examen que la primera: que la caída sea del precio y no del negocio, que la posición no exceda el peso máximo asignado dentro de la cartera y que se trate de dinero que el inversor no vaya a necesitar. Conviene, además, reconocer los límites de este marco. Diagnosticar en tiempo real es difícil: en noviembre de 2022, Meta parecía un negocio roto para mucha gente. Los casos aquí analizados se eligieron mirando hacia atrás y corresponden a empresas que sobrevivieron, lo que introduce un sesgo de supervivencia. El método no garantiza acertar el precio, pero sí permite decidir por la razón correcta. Una práctica útil es dejar por escrito, antes de cada compra, por qué se compra, cuál es el peso máximo de la posición y qué tendría que pasar para vender. Este análisis tiene fines educativos y no constituye una recomendación sobre un activo puntual. Quienes, después de evaluar sus posiciones, decidan rotar su capital pueden hacerlo en Bull Market, donde tienen acceso a CEDEARs y ETFs para reubicar esos fondos sin salir del mercado.


